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Enfrentamientos en la mezquita de Al-Aqsa: esto es lo que pasa | Press "Enter" to skip to content

Enfrentamientos en la mezquita de Al-Aqsa: esto es lo que pasa

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Los enfrentamientos violentos de este mes entre palestinos y las fuerzas de seguridad israelíes en la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén reflejan su relevancia como parte de una de las zonas más disputadas de territorio religioso en la Tierra Santa.

A continuación, algunos datos básicos sobre el recinto sagrado, desde su trascendencia a lo largo de los siglos para tres religiones monoteístas importantes hasta la razón por la que es un foco de tanta tensión en la actualidad.

La mezquita Al-Aqsa es una de las estructuras más sagradas de la fe musulmana.

La mezquita se ubica dentro de una zona de 15 hectáreas conocida por los musulmanes como Haram al-Sharif, o el Noble Santuario, y por los judíos como el Monte del Templo. La zona es parte de la Ciudad Vieja de Jerusalén, sagrada para los cristianos, los judíos y los musulmanes.

En árabe, aqsa se traduce como “más lejano”, y en este caso es una referencia a las escrituras islámicas y el relato de cómo el profeta Mahoma viajó desde La Meca a la mezquita en una noche para orar y luego ascendió al cielo.

Se cree que la construcción de la mezquita, que tiene capacidad para 5000 devotos, se completó a principios del siglo VIII y está frente a la Cúpula de la Roca, el monumento islámico con un domo dorado que es ampliamente reconocido como símbolo de Jerusalén. Los musulmanes consideran sagrado todo el recinto, por lo que multitudes de devotos abarrotan sus patios para orar en las festividades.

Para los judíos, el Monte del Templo, conocido en hebreo como Har Habayit, es el lugar más sagrado porque ahí hubo dos templos antiguos: el primero fue construido por el rey Salomón, según la Biblia, y después fue destruido por los babilonios; el segundo se mantuvo de pie durante casi 600 años antes de que el Imperio romano lo destruyera en el siglo primero.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, ha clasificado la Ciudad Vieja de Jerusalén y sus muros como Patrimonio Mundial de la Humanidad, lo que significa que se considera de “extraordinaria importancia internacional y, por lo tanto, merece protección especial”.

Israel tomó Jerusalén Oriental, incluida la Ciudad Vieja, de manos de Jordania durante la guerra árabe-israelí de 1967, y luego anexó la zona. Más tarde, Israel declaró como su capital a una Jerusalén unificada, aunque esa decisión jamás ha sido reconocida por la comunidad internacional.

Bajo un delicado acuerdo de statu quo, una fundación islámica conocida como el Waqf, fundada y controlada por Jordania, siguió administrando la mezquita Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, tal como lo había hecho durante décadas, una función especial que se reafirmó en el tratado de paz de 1994 entre Israel y Jordania.

Las fuerzas de seguridad israelíes siguen presentes en la zona y se coordinan con el Waqf. Los judíos y cristianos tienen permitido visitar el lugar, pero a diferencia de los musulmanes, tienen prohibido orar en el sitio conforme al acuerdo de statu quo (los judíos oran bajo la meseta sagrada en el Muro de las Lamentaciones, los vestigios de un muro de contención que alguna vez rodeó el Monte del Templo).

En ocasiones, las tensiones por lo que los detractores llaman discriminación del acuerdo contra los no musulmanes han escalado y derivado en violencia.

Aunada a las tensiones está el Día de Jerusalén que Israel conmemora cada año, una festividad extraoficial que recuerda la captura de toda la ciudad. La celebración, que se realizó este lunes 10 de mayo, es una provocación para muchos palestinos, incluidos los residentes de la zona este de Jerusalén. Los palestinos quieren que Jerusalén Oriental sea la capital de un futuro Estado palestino, una posibilidad que parece cada vez más remota.

Los funcionarios israelíes, entre ellos el primer ministro Benjamín Netanyahu, han afirmado que no pretenden cambiar el statu quo.

Sin embargo, algunos grupos religiosos israelíes han ejercido presión desde hace mucho para tener el derecho de orar en el lugar. En abril, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Jordania presentó una queja formal sobre las grandes cantidades de visitantes judíos en la zona, calificándolo como una violación al statu quo.

En las semanas previas al brote de violencia del lunes en la mezquita Al-Aqsa, las tensiones aumentaron entre judíos y palestinos por temas ajenos al recinto.

Esto incluyó los enfrentamientos violentos entre israelíes y palestinos de hace unas semanas alrededor de la Ciudad Vieja. Algunos palestinos atacaron a judíos ortodoxos en Jerusalén, y un grupo extremista de supremacía judía organizó una marcha en la que los participantes corearon: “Muerte a los árabes”.

A los palestinos también les enfureció que la policía les prohibiera reunirse en una de sus plazas favoritas cerca de la Ciudad Vieja durante las primeras semanas del mes santo del ramadán.

Para exacerbar aún más las tensiones, los palestinos han confrontado a la policía israelí porque residentes palestinos del barrio Sheij Jarrah en Jerusalén Oriental serán desalojados a fin de abrir paso a la construcción de un asentamiento israelí.

Las amargas recriminaciones y las actitudes insensibles han resonado en todos los enfrentamientos por los templos religiosos en la Ciudad Vieja de Jerusalén, pero algunos destacan en particular por haber contribuido a la formulación de políticas públicas israelíes.

En 1990, por ejemplo, se desataron disturbios letales cuando un grupo de judíos extremistas quiso colocar la primera piedra para un templo que remplazaría los dos que fueron destruidos en la antigüedad. La violencia derivó en una condena generalizada contra Israel, incluso por parte de Estados Unidos.

En el año 2000, una visita a la zona para reivindicar la presencia judía en el recinto, liderada por el político israelí de derecha Ariel Sharón —entonces líder de la oposición en Israel— detonó un violento combate israelí-palestino que condujo al levantamiento palestino conocido como la segunda intifada.

En 2017, estalló una crisis luego de que tres ciudadanos árabes-israelíes en el recinto asesinaron a tiros a dos policías israelíes de origen druso. Esto provocó que las autoridades israelíes restringieran el acceso al sitio e instalaran detectores de metal y cámaras.

La indignación árabe por esas medidas de seguridad suscitó más violencia y tensiones con Jordania que requirieron la mediación diplomática de Estados Unidos. Los detectores de metal fueron retirados.

Patrick Kingsley e Isabel Kershner colaboraron con este reportaje.

Rick Gladstone es editor y periodista en la sección Internacional y está radicado en Nueva York. Ha trabajado en el Times desde 1997, cuando comenzó como editor en la sección Negocios. @rickgladstone


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